Reorganizando fotos en en blog me encontré con esta imagen premonitoria, ya se la veían venir… ![]()
Parte de la tarde enseñando a Julia como hacer una cartera. Después va el modelo terminado.
Esta es una prueba con Blogsy.…Una app para manejar tu blog de WP en el iPad.
Y la foto es tomada con Photo Booth en mi iPad 2 ![]()
Este 25 de febrero festejamos el cumple de Esteban comiendo en el restaurante Muralla China…
En el restaurante chino festejando los 20 años de Tomás….joder que estamos jovatos!
A Julia la reconciliación con el novio le ha dado hambre… je je…
Y ete aquí al cumpleañero…
Había una vez, a menos de mil millas de aquí, un pobre leñador viudo que vivía con su hija pequeña. Todos los días iba a la montaña a cortar leña para hacer fuego, que traía a casa y ataba en haces.
Después de tomar el desayuno caminaba hasta el pueblo más cercano, donde vendía la leña y descansaba un rato antes de regresar. Un día, al volver ya tarde a casa, la niña le dijo:
Padre, a veces desearía tener mejor comida, más cantidad y diferentes clases de cosas para comer.
Muy bien hija mía, dijo el viejo, mañana me levantaré más temprano que de costumbre, me adentraré en la montaña donde hay más leña y traeré una cantidad mucho mayor que la habitual. Llegaré a casa más temprano y así podré atar la leña antes para luego ir al pueblo a venderla; conseguiré de esta forma más dinero y te traeré toda clase de cosa ricas para comer.
A la mañana siguiente el leñador se levantó antes del alba y se fue las montañas. Trabajó duramente cortando leña, e hizo un enorme haz que acarreó sobre su espalda hasta la casa.
Cuando llegó, todavía era muy temprano. Puso la carga en el suelo y golpeó la puerta diciendo:
Hija, hija, abre la puerta que tengo hambre y sed, y necesito tomar algún alimento antes de ir al mercado.
Pero la puerta permaneció cerrada. El leñador estaba tan cansado que se acostó en el suelo y pronto se quedó dormido al lado del atado de leña.
La niña, que había olvidado la conversación de la noche anterior, estaba profundamente dormida. Cuando el leñador se levantó, unas horas después, el sol ya estaba alto. Golpeó nuevamente la puerta y dijo:
Hija, hija, ven pronto. Debo comer algo e ir al mercado pues es mucho más tarde que otros días.
Pero como la niña había olvidado aquella conversación de la noche anterior, mientras el padre dormía, se había levantado, arreglado la casa, y había salido a dar un paseo. Dejó la cabaña cerrada, suponiendo, en su olvido, que su padre estaba todavía en el pueblo.
Así que el leñador se dijo: Ya es demasiado tarde para ir al pueble, regresaré al las montañas y cortaré otro haz de leña, que llevaré a casa, así mañana tendré doble carga para llevar al mercado.
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